Todos somos responsables - Nalandabodhi Seattle

Todos somos responsables

Con frecuencia me he preguntado sobre mi conexión con aquellos acontecimientos graves que parecen estar fuera de mi control o mi influencia. ¿Cuál es mi responsabilidad en un genocidio que está ocurriendo del otro lado del mar, la obliteración cultural que se lleva a cabo en un continente lejano, o los abusos cotidianos que suceden en el patio trasero de mi propio país?  He contemplado esta pregunta y la he compartido con otras personas en grupos de estudio budistas. Pero no fue sino hasta hace poco que empecé a vislumbrar una posible respuesta. 

El Buda Shakyamuni, cuando enseñó sobre el karma (causa y efecto), habló sobre el karma colectivo o grupal. En pocas palabras, el karma colectivo moldea las consecuencias éticas, sociales e incluso sanitarias de las comunidades, influyendo tanto en el sufrimiento como en el bienestar. Dicho de otro modo, a través de nuestras acciones como un grupo, moldeamos los contornos de nuestra mente y del mundo que habitamos. Me parece que esto es especialmente relevante en el entorno globalizado que hemos construido en el siglo XXI.

¿Desconexión o interconexión?

Somos responsables, como individuos y colectivamente, en la medida en que perpetuamos un encuadre mental que divide al mundo en yo y otro, amigos y enemigos, bueno y malo, víctimas y agresores. 

La escisión entre yo y otro me/nos lleva a defenderme/nos con uñas y dientes de todo aquello que no sea yo/nosotros. Esta manera de entender la realidad y las acciones que se derivan de ella nos dejan no solo como víctimas (¿por qué yo?), sino también como agresores (yo estoy bien: tú estás mal). Esto es precisamente el arranque del ciclo infinito de sufrimiento que el Buda llamó samsara. Es exactamente esta polaridad la que nos impide liberarnos de nuestra prisión autoimpuesta de etiquetas antagónicas. Paradójicamente, creamos esta escisión en nuestra búsqueda de la felicidad. 

A un nivel práctico, en la vida cotidiana, ¿cómo podemos empezar a hacer algo diferente?

Empatía y compasión

Las enseñanzas budistas nos dicen que estaremos rompiendo con nuestro patrón habitual cuando empaticemos no solo con las víctimas, sino también con los victimarios. Aun si nos da náusea de solo pensarlo. 

Hasta que podamos tener compasión no solo por quienes son lastimados, sino también por quienes llevan a cabo el daño, estaremos generando sufrimiento para nosotros mismos y para los demás. Debemos recordar que todos los seres —amigos, enemigos, animales, dioses, fantasmas hambrientos, seres de los infiernos, semidioses— estamos intentando ser felices y trascender el sufrimiento. Pero no pocas veces, tomamos decisiones que provocan más desdicha, para nosotros y para los demás. Cuando recordamos que todos los seres estamos buscando la felicidad, eso nos hace a todos iguales, más allá de lo imaginable.  

¿Dónde puedo empezar? ¿Dónde podemos empezar? 

Mirando hacia adentro. Familiarizándonos con nuestra propia mente, viendo su capacidad para desear, odiar e ignorar, igual que la de todos los demás. Reconocer los eventos externos que nos hacen enojar es un comienzo, pero tenemos que ver lo que está sucediendo adentro, aun si no nos gusta y no queramos reconocerlo, aun si pensamos: no, yo no soy para nada como ellos. En última instancia todos somos iguales más allá de nuestras elecciones y acciones superficiales.

Eliminar la dualidad

Me imagino que esta propuesta podría sonar subversiva o enloquecida a un nivel relativo. Eso es porque desafía nuestra manera de pensar desde un tiempo inmemorial. “Yo” no soy más importante que “tú”. “Nosotros” no somos más importantes que “ellos”. Debemos soltar esta dualidad que, según el Buda, es el origen del sufrimiento de todo el mundo. 

A medida que trabajamos con nuestra mente, a medida que examinamos nuestras suposiciones y nuestros prejuicios, la indignación y la superioridad moral pueden empezar a transformarse en compasión. Y la compasión nos puede ayudar a ir más allá de las limitaciones de nuestras visiones extremas de odio, culpabilización, y de todos los tipos de terrorismo.

Ejercicio de contemplación

  1. Siéntate unos minutos en la meditación de morar en calma y asienta tu mente. 
  2. Trae a la mente a alguien a quien consideres fuertemente como un enemigo, un agresor o incluso la personificación del mal. 
  3. A medida que inhalas y exhalas, considera la posibilidad de que esta persona esté, de hecho, buscando la felicidad, igual que tú.
  4. Permite que cualquier cosa que surja en tu flujo mental transcurra sin juzgarla ni aferrarte a ella. 
  5. Si puedes, conéctate con tu corazón de compasión hacia esa persona, tomando en cuenta el sufrimiento que está generando para ella misma y para los demás. Si no puedes hacer eso, conéctate con compasión para contigo mismo y el esfuerzo que estás haciendo
  6. Suelta cualquier pensamiento, sensación o emoción que hayan surgido y asienta tu mente nuevamente en un espacio de paz y apertura.
Adela Iglesias
Adela Iglesias

Es escritora, traductora, psicoterapeuta, maestra y madre de origen mexicano. Actualmente trabaja en un bestiario en prosa poética. Practica la meditación desde hace más de 24 años y es alumna de Ponlop Rinpoche desde 2002.

Para otros textos de Adela, mira “I Take Refuge in the Sangha”/”Tomo refugio en la sangha” y “Apparently Opposite.” También puedes visitar sus páginas web: reflejos en juego (como escritora y traductora) y https://adelaiglesias1.wixsite.com/balance (como psicoterapeuta).

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